A Julián le habían contado mil cuentos sobre personajes increíbles que vivían historias fantásticas, llenas de magia y aventura. Su abuelo siempre le repetía que ese mundo estaba guardado en una caja, pero que no debía tocarla hasta que fuera mayor.
Un buen día, Julián fue al cuarto de su abuelo a verificar que estuviera durmiendo su siesta. Se subió a una silla y, en puntitas de pie, sacó la caja que estaba en lo más alto del placard. La abrió y no vio mas que hojas escritas, con las mismas historias que su abuelo le contaba una y otra vez. Solo eso. Papeles.
La primera lágrima de Julián hizo despertar de la siesta a su abuelo.
—Te lo dije —murmuró mientras lo abrazaba—. Es mejor dejar el misterio donde debe estar, guardado en su cajita, bien arriba del placard y dejar nuestra imaginación pura y libre de realidad.
Un buen día, Julián fue al cuarto de su abuelo a verificar que estuviera durmiendo su siesta. Se subió a una silla y, en puntitas de pie, sacó la caja que estaba en lo más alto del placard. La abrió y no vio mas que hojas escritas, con las mismas historias que su abuelo le contaba una y otra vez. Solo eso. Papeles.
La primera lágrima de Julián hizo despertar de la siesta a su abuelo.
—Te lo dije —murmuró mientras lo abrazaba—. Es mejor dejar el misterio donde debe estar, guardado en su cajita, bien arriba del placard y dejar nuestra imaginación pura y libre de realidad.
Comentarios
Gran relato; lleno de ternura y "misterio".
Me gustó mucho.
Besos.