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Mostrando entradas de noviembre, 2008

Presente

Él vivía enamorado, no hacia más que pensar en ella. Ella vivía sin creer en el amor. Aún así lo quería, y se veían de vez en cuando. Un buen día él le dijo que quería tenerla a su lado para siempre, que cuando no estaba, su casa se sentía vacía y eso lo deprimía noche tras noche. Así que antes de despedirse en la puerta del bar al que acostumbraban ir, salió de su boca una sospechada declaración: "Quiero que vivamos juntos para siempre, no hay nadie que pueda hacerme más feliz, ¿Qué decís?". "Dame un tiempo para pensar"- dijo ella, sin ningún tipo de expresión que permitiera revelar su verdad. Y él se fue caminando, solo, pensando si su manera de medir el tiempo sería la misma.

La línea de la vida

Era una noche de calor, sofocante calor. No se percibía ni el más mínimo movimiento, el viento parecía no existir, y los árboles se creían pintados sobre un cielo violáceo oscuro, atiborrado de estrellas, de pequeños puntos perfectos. Aquella noche alguien leyó la palma de mi mano en una fiesta (esas que parecen salidas de historias ficticias, de mágicos cuentos), aunque no recuerdo bien quién fue. Observó mi mano con detenimiento. Su cara sonriente se transformó en una marea de símbolos, que me permitió suponer todo lo que su boca aún no se animaba a decir, y así logré imaginar las palabras que vendrían. No realizó ningún movimiento, se dignó a quedarse así, con su cara petrificada, paralizada en el tiempo. Solo sus ojos subieron para encontrarse con los míos a mitad de camino. Todavía sosteniendo con firmeza mi mano sobre la suya, tomó una bocanada de aire que pareció darle las fuerzas necesarias para enfrentarme con lo que ella veía: "Sabías que no pasas de los 35 años, ¿no?...

El sentido de todo

¿Que sería de nuestra vida si nada de ella saliera al mundo exterior? Se trata de hechos desordenados, experiencias que no siguen un orden lógico en la temporalidad de la vida humana; anécdotas, vivencias, y recuerdos nublados, mezclados entre otros, sin una estructura que los delimite, ni los clasifique. Me encanta como la vida se resignifica y cobra sentido a partir de nuestra propia narración sobre ella. Al hacerlo, ya no somos los mismos que fuimos al vivirlo, estamos lejos de serlo, nos falta simultaneidad.

Confieso

Estoy enamorada. Me dí cuenta cuando todo lo que tenía para ofrecerme me enloquecía; desde sus modos caóticos hasta la forma en la que me sorprendía, cada día, con algo insospechado. Si, lo tengo asumido. Me encanta su desprolijidad y sus ocurrencias, siempre más maravillosas de lo que cualquiera pudiera crear. Me encanta como siempre logro encontrarle algo nuevo, aunque crea conocerle hasta sus últimos recovecos. Soy una enamorada de su soberbia y de su mezcla de estilos; todos tan perfectamente entroncados entre sí que crean una visión de lo que creo perseguir, de todo aquello que quisiera que me alcanzara. No tengo ninguna duda, la magia que lleva consigo radica en su sincretismo. Nada se compara con sus costumbres, esas que llegué a adoptar para mi vida misma, sumando algo suyo a mi cotidianeidad. Me gusta pensar que estará para siempre, dejándome ser parte de su todo, aunque no sea más que observando con estos ojos, siempre tan inmensos cuando algo suyo llama mi atención y me para...