Él vivía enamorado, no hacia más que pensar en ella. Ella vivía sin creer en el amor. Aún así lo quería, y se veían de vez en cuando. Un buen día él le dijo que quería tenerla a su lado para siempre, que cuando no estaba, su casa se sentía vacía y eso lo deprimía noche tras noche. Así que antes de despedirse en la puerta del bar al que acostumbraban ir, salió de su boca una sospechada declaración: "Quiero que vivamos juntos para siempre, no hay nadie que pueda hacerme más feliz, ¿Qué decís?". "Dame un tiempo para pensar"- dijo ella, sin ningún tipo de expresión que permitiera revelar su verdad. Y él se fue caminando, solo, pensando si su manera de medir el tiempo sería la misma.