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Mostrando entradas de 2008

31 de Diciembre

Ayelen M. Cosentino Aquí yacen sus múltiples personalidades, todas coincidiendo en que nada, ni siquiera esto, es real; abrí los ojos. Solo deja recuerdos. Felíz primer día de un nuevo juego.

Ciclo

El tiempo nos condiciona, nos mantiene en constante actividad, y el más mínimo de los cambios podría alterar el funcionamiento del universo y con él crear una variación - para bien o para mal - de todo aquello que pudo visualizarse para estos tiempos. El hombre lo tiene en su naturaleza, necesita saber lo que pasará, tener seguro su futuro, conocerlo, moldearlo y así sentir que sus pies tocan la tierra en todo momento. Todo acontece ahora, es presente y se va. Nuestras acciones no tienen curso, no tienen un orden más que el inventado; el que se necesita para creer que tenemos todo bajo control, bajo un marco estructurado de hechos. Y con eso conformarnos. Esto pasó ahora, y nunca más se repetirá.

Desangelado

Y se despega de sus alas con una fuerza inusitada se arrepiente de sus modos gráciles los llora los entierra y en un abrir y cerrar de ojos instala el desengaño. El me arrojó al mundo me invitó al silencio Y el terror no es más que un espejo de su historia en su finura en su soledad y en su mundo de fantasía. AMC

Letra Capital

Todo empieza con una letra mayúscula, bien grande y adornada con firuletes por todos lados. Comienza así, con magia y misterio. De a poco a esa letra se le van perdiendo rulos y firuletes, y se va pelando de a poco, se va achicando y volviéndose cada vez mas convencional. De pronto me doy cuenta de que esa letra que yo creía única y especial en todas esas hojas, se volvió simple y conocida, como las que vi tantas veces en mi vida. Entonces entiendo que finalmente esa mayúscula inicial se transformó en un punto, el que puso el fin a la historia.

Notas

Caminaron Caminaron Caminaron hasta que al fin encontraron una esquina que los paralizó. Es que venían hablando del teatro y de Francia cuando de pronto una frase en la pared los resumió a los dos y les sacó una sonrisa que les duró toda una tarde

Museo

¡Clip! ¡Clop! ¡Clip! ¡Clop!, escuchaba las gotas que golpeaban sobre el ángulo filoso del marco de la ventana principal. Ella seguía aburrida, mirando hacía horas esas partes minúsculas de agua que caían frente a su nariz y generaban una gran variedad de estilos musicales. Había perdido la cuenta del tiempo, se había adentrado a otro mundo, pensando la intensidad de caída de la lluvia, el peso de las gotas que parecían cada vez más gruesas y los dibujos que esos pequeños charquitos formaban a su paso. El reloj daba las cinco de la tarde, y el sonido la devolvió a Martina de su sueño despierto. Buscó en su placard un piloto, el más viejo que tuviera. Se lo puso, se subió el cuello lo mas alto que pudo y se tomó un taxi en Pueyrredón y Arenales. Como cada tarde de viernes, Martina viajaba hasta el museo. Pasaba por la recepción, mostraba su tarjeta, tomaba su entrada y subía por la interminable escalera mecánica que parecía llevarla de la tierra al cielo, sin ningún tipo de escala. Dobla...

Noche

Acostarme en mi alfombra, abrir la ventana de par en par, poner las piernas sobre el marco ya despintado y mirar el cielo a través de las rejas, dejando que las gotas salpiquen mi cara, que salten para todas direcciones. Sentir el viento, las peleas de mis vecinos, escuchar el ruido que hacen sus platos al apilarse, los metales de los cubiertos al chocarse entre sí. Abrigarme con los ruidos de las plantas pronosticando una tormenta inminente, proclamando suya la noche bajo un manto de cielo rojo y un aire a otra época que empapa mi boca de luz, de esas farolas enormes que se imponen en el paisaje natural, desafiando todo tipo de anacronismo que pueda llegar a imaginar. Sentir una música lejana, un viejo Jazz que recae sobre mi pelo húmedo de lagrimas, y se jacta de erizar mi piel a su paso, tan lento como escurridizo, bajo mis pies, mis manos, mi espalda... Nada me gusta más que eso; sentir que todavía vivo, que todavía me fascina un sonido, un silencio, un halo de luz que se posa sobr...

Presente

Él vivía enamorado, no hacia más que pensar en ella. Ella vivía sin creer en el amor. Aún así lo quería, y se veían de vez en cuando. Un buen día él le dijo que quería tenerla a su lado para siempre, que cuando no estaba, su casa se sentía vacía y eso lo deprimía noche tras noche. Así que antes de despedirse en la puerta del bar al que acostumbraban ir, salió de su boca una sospechada declaración: "Quiero que vivamos juntos para siempre, no hay nadie que pueda hacerme más feliz, ¿Qué decís?". "Dame un tiempo para pensar"- dijo ella, sin ningún tipo de expresión que permitiera revelar su verdad. Y él se fue caminando, solo, pensando si su manera de medir el tiempo sería la misma.

La línea de la vida

Era una noche de calor, sofocante calor. No se percibía ni el más mínimo movimiento, el viento parecía no existir, y los árboles se creían pintados sobre un cielo violáceo oscuro, atiborrado de estrellas, de pequeños puntos perfectos. Aquella noche alguien leyó la palma de mi mano en una fiesta (esas que parecen salidas de historias ficticias, de mágicos cuentos), aunque no recuerdo bien quién fue. Observó mi mano con detenimiento. Su cara sonriente se transformó en una marea de símbolos, que me permitió suponer todo lo que su boca aún no se animaba a decir, y así logré imaginar las palabras que vendrían. No realizó ningún movimiento, se dignó a quedarse así, con su cara petrificada, paralizada en el tiempo. Solo sus ojos subieron para encontrarse con los míos a mitad de camino. Todavía sosteniendo con firmeza mi mano sobre la suya, tomó una bocanada de aire que pareció darle las fuerzas necesarias para enfrentarme con lo que ella veía: "Sabías que no pasas de los 35 años, ¿no?...

El sentido de todo

¿Que sería de nuestra vida si nada de ella saliera al mundo exterior? Se trata de hechos desordenados, experiencias que no siguen un orden lógico en la temporalidad de la vida humana; anécdotas, vivencias, y recuerdos nublados, mezclados entre otros, sin una estructura que los delimite, ni los clasifique. Me encanta como la vida se resignifica y cobra sentido a partir de nuestra propia narración sobre ella. Al hacerlo, ya no somos los mismos que fuimos al vivirlo, estamos lejos de serlo, nos falta simultaneidad.

Confieso

Estoy enamorada. Me dí cuenta cuando todo lo que tenía para ofrecerme me enloquecía; desde sus modos caóticos hasta la forma en la que me sorprendía, cada día, con algo insospechado. Si, lo tengo asumido. Me encanta su desprolijidad y sus ocurrencias, siempre más maravillosas de lo que cualquiera pudiera crear. Me encanta como siempre logro encontrarle algo nuevo, aunque crea conocerle hasta sus últimos recovecos. Soy una enamorada de su soberbia y de su mezcla de estilos; todos tan perfectamente entroncados entre sí que crean una visión de lo que creo perseguir, de todo aquello que quisiera que me alcanzara. No tengo ninguna duda, la magia que lleva consigo radica en su sincretismo. Nada se compara con sus costumbres, esas que llegué a adoptar para mi vida misma, sumando algo suyo a mi cotidianeidad. Me gusta pensar que estará para siempre, dejándome ser parte de su todo, aunque no sea más que observando con estos ojos, siempre tan inmensos cuando algo suyo llama mi atención y me para...

Me opongo al uso indiscriminado del altoparlante

Ayer estaba volviendo a mi casa en combi y una chica se puso a escuchar música de su celular sin los auriculares. Entre el volumen de la radio que tenía prendida el chofer y el repertorio de canciones del aparato, que incitaban a uno a tirarse por la primera ventanilla disponible, no se entendía nada de nada. Para colmo la gente gritaba para intercambiar palabras y, de vez en cuando, miraban a esta chiquita con ganas de decirle que durmiera y se dejara de joder. Lo peor es que venía con su novio al lado y se ve que se habían peleado porque él ni la miraba y ella ponía todos temas depresivos que hablaban sobre abandono, amor y engaño. Cada tanto se animaba y le decía algo, y él se hacía el ofendido y miraba culos por la ventanilla (seguro la enganchó en alguna). El chofer duró 15 minutos con su radio prendida y después de pegarle un tiro imaginario entre ceja y ceja a la chica en cuestión, apagó su radio. Ella chocha, por supuesto. ¿Que parte de que NO queremos escuchar su música no ent...

El final del Juego.

(...) Abríamos despacio la puerta blanca, y al cerrarla otra vez era como un viento, una libertad que nos tomaba de las manos, de todo el cuerpo y nos lanzaba hacia adelante. Entonces corríamos buscando impulso para trepar de un envión al breve talud del ferrocarril, encaramadas sobre el mundo contemplábamos silenciosas nuestro reino. Extracto de "Final del Juego" por Julio Cortázar

Expe

Me mira a gran distancia, con su sabiduría ancestral y su risa con sorna. ¡Ay! ese objetivo de mi gran amor, esa muerte dulce debajo de los robles, dorados por el viento ..de mil mares ..de mil pájaros, ..de mil cuervos que emigran hacia el este. La desolación, la ira y su vejez. La endecha de las voces en mi mente, en el desconcierto de mi sutil llegada. Vuelve con ponderosa elegancia, y se dirige hacia su mayor enfrentamiento; El campo de la libertad. Ayelén Cosentino (Enero 2003)

viejos textos

Esa estrella refleja tu ausencia en mi ventana. El calor azota la ciudad y la oscuridad la proclama suya. Me vio... caminando entre campos de lavanda, trazando una línea en tu cuerpo, alucinando entre pastos, extasiada de tu soberbia. Se que solo fue en un sueño perpetuo. En su conciencia solo queda soledad y la ausencia de su amor. Su condena aun no se cumplió. Espera en su silla. El pueblo lo juzga. Su imagen inmoral se refleja en su ser. Sé que hoy no lo salvo yo, porque soy ajena a todo paisaje. Y su dolor ya no me causa emoción, ni satisfacción. Ayelen Cosentino (Julio 2002)