Acostarme en mi alfombra, abrir la ventana de par en par, poner
las piernas sobre el marco ya despintado y mirar el cielo a través
de las rejas, dejando que las gotas salpiquen mi cara, que salten para todas direcciones. Sentir el viento, las peleas de mis vecinos, escuchar el ruido que hacen sus platos al apilarse, los metales de los cubiertos al chocarse entre sí. Abrigarme con los ruidos de las plantas pronosticando una tormenta inminente, proclamando suya la noche bajo un manto de cielo rojo y un aire a otra época que empapa mi boca de luz, de esas farolas enormes que se imponen en el paisaje natural, desafiando todo tipo de anacronismo que pueda llegar a imaginar.
Sentir una música lejana, un viejo Jazz que recae sobre mi pelo húmedo de lagrimas, y se jacta de erizar mi piel a su paso, tan lento como escurridizo, bajo mis pies, mis manos, mi espalda...
Nada me gusta más que eso; sentir que todavía vivo, que todavía me fascina un sonido, un silencio, un halo de luz que se posa sobre mi pierna derecha. Aún respiro por aquellas extravagancias de la vida cotidiana, esas que dejan sin aire a los novatos, y aburren tanto a los habitué de la vida.
las piernas sobre el marco ya despintado y mirar el cielo a través
de las rejas, dejando que las gotas salpiquen mi cara, que salten para todas direcciones. Sentir el viento, las peleas de mis vecinos, escuchar el ruido que hacen sus platos al apilarse, los metales de los cubiertos al chocarse entre sí. Abrigarme con los ruidos de las plantas pronosticando una tormenta inminente, proclamando suya la noche bajo un manto de cielo rojo y un aire a otra época que empapa mi boca de luz, de esas farolas enormes que se imponen en el paisaje natural, desafiando todo tipo de anacronismo que pueda llegar a imaginar.
Sentir una música lejana, un viejo Jazz que recae sobre mi pelo húmedo de lagrimas, y se jacta de erizar mi piel a su paso, tan lento como escurridizo, bajo mis pies, mis manos, mi espalda...
Nada me gusta más que eso; sentir que todavía vivo, que todavía me fascina un sonido, un silencio, un halo de luz que se posa sobre mi pierna derecha. Aún respiro por aquellas extravagancias de la vida cotidiana, esas que dejan sin aire a los novatos, y aburren tanto a los habitué de la vida.
Comentarios
Me gusta mucho, sinceramente, ese momento del día (O mejor, de la noche) y creo que estaba pensando justo en ese momento, en el último relato, cuando el tipo fumaba mirando el cielo, pensando en la otra, estando con esa mujer.
Creo.
Me gusto mucho.
Me dio muy lindas imágenes, escribis muy lindo Ayelen, sinceramente.
O a mí me gusta lo que escribis. No sé.
Saludos.
y me gustó
no tengo mucha inspiración, mi cabeza quedó quemada después de terminar lo que te pasé je.
Exitos mañana, mejor dicho hoy con psicología.
por mi parte los voy a necesitar!
Te quiero desde mi casa hasta la tuya ida y vuelta. es MUCHO no? jaja.
beso
Sinceramente el cierre no me gustó. Pero valen montón tus palabras.
abrazote,